1 imagen vale más que mil vidas

26 de junio, 2015 - General - 1 Comentario -

Alguien dijo una vez que una imagen vale más que mil palabras, en nuestro caso, una imagen vale más que mil vidas y es que tengo la sensación de que podría haber vivido un centenar de vidas más y en ninguna de ellas haber tenido la ocasión de vivir el momento que os relato a continuación.


Cuando leí la recomendación de un libro de fotografía de viajes de ver salir el sol en el lago glacial de Jokulsarlon en Islandia poco me esperaba que esa mañana iba a generar cambios tan profundos.


Eran las 5:30 cuando esperanzado dejaba el campamento donde estábamos. En aquellos tiempos (este agosto cumplirá cinco años) necesitaba un fuerte empuje para decidir levantarme antes de la cama. La noche, el crepúsculo, y las luces de las amaneceres eran completos desconocidos si no iban acompañados de varias horas de fiesta.


Con tripode y camara en mano, legañas en los ojos y la cabeza todavía nublada puse la atención hacia el Este, por donde salía el sol, lo que contemplaba era verdaderamente espectacular: las aguas del lago y los icebergs flotando contrastaban con el cielo anaranjado creando un juego de colores azulados, anaranjados y amarillentos que compartían escena con las formas de los icebergs, el carácter translúcido del hielo, familias de algún tipo de especie de pato y curiosas focas que iban sacando la cabeza del agua ... todo muy idílico. Entretenido con este panorama sentí la necesidad de mirar en dirección contraria, observando de donde venía, y esta es la estampa que encontré:


 


 

De golpe entré en un estadio de fuerte excitación, mis ojos no daban crédito a lo que observaba. No sé exactamente si en aquellos momentos era consciente del carácter efímero de aquellos instantes pero olvidé el frío, el sueño, quién era, qué hacía allí y con quien había ido y empecé a correr arriba y abajo tomando fotos sin parar. De tal forma que a los pocos minutos ya no sabía que hacer de las múltiples y variadas capas de ropa que llevaba, pero no había tiempo para las comodidades, lo primero era lo primero.


No tengo constancia si aquellos momentos duraron 10, 20 o 30 minutos pero una vez terminado el espectáculo, y solucionado el problema con la temperatura corporal, tuve tiempo para tranquilizar me. Me sentía lleno y vacío a la vez, perteneciente a aquí y allá al mismo tiempo, me di cuenta del gran privilegio de haber podido presenciar y capturar la belleza de aquel momento mágico e irrepetible y creció en mí un fuerte sentimiento de gratitud y comunión, sentimiento que poco a poco, y sin apenas darme cuenta, ha transformado desde entonces cada faceta de mi vida.


Earth in Silence, our home, our responsability.

 

[Administrador]
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30 de noviembre, 2015
Plenitud. Sin principio, sin fin. Sin comienzo, sin fin.

Muchas gracias, \"la guarida del oráculo\", por pasar y dejar un comentario. Me alegro que coincidamos en las sensaciones. Un abrazo!

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